En La Mira

Buenos Aires nunca duerme. Sus calles, un enredo de asfalto agrietado y adoquines gastados, laten con un pulso que mezcla esperanza y desesperación, como si cada esquina tuviera su propia historia que contar. Desde los rascacielos del centro financiero, que reflejan la luz del amanecer como espejos rotos, hasta los barrios más humildes, donde las ventanas blindadas son el único escudo contra la noche, la ciudad es un caos constante, un microcosmos de vidas que chocan y se entrelazan en una danza que pocos logran entender.

La crisis económica no es novedad. En cada esquina se percibe la tensión de una sociedad al borde, donde los extremos se ensanchan y el centro apenas se sostiene. Los mercados de flores en Barracas, con sus vendedores que pregonan ofertas mientras vigilan nerviosos por encima del hombro, y los pasillos oscuros de Constitución, donde las historias se cuentan en murmullos y las miradas duran demasiado poco, son tan parte de Buenos Aires como la Casa Rosada o los cafés de San Telmo, con sus viejas mesas de madera y el eco de tangos que parecen eternos.

En el bullicio de una comisaría en San Telmo, dos figuras destacan por razones distintas. Uno de ellos, alto, con una silueta imponente, algo pasado de peso y una expresión que podría intimidar hasta al criminal más curtido, sostiene un café en una mano y un informe en la otra. Su nombre es Gabriel “Gabo” Rivas, aunque la mayoría lo conoce como “El Dogo”, un apodo que ganó a fuerza de su obstinación: cuando muerde una presa, no la suelta.

A su lado, caminando con el paso más ligero de quien aún no carga décadas de casos sobre los hombros, está Carlos “Carlín” Vera. Su cabello oscuro está impecablemente peinado, un detalle que cuida casi de manera obsesiva, como si ese pequeño acto de orden personal le diera control en un mundo que suele ser caótico. Aunque su porte es más juvenil, con sus 28 años recién cumplidos, su mirada tiene un brillo que habla de astucia e inteligencia, dos cualidades que no tardaron en hacerse evidentes para quienes trabajan con él.

Estos son algunos párrafos del primer capítulo del policial de misterio que estoy escribiendo: El La Mira. en él, estos dos detectives de la Policía Federal Argentina están tras un asesino atípico. No se encuentra la bala. herida de entrada, que hace estragos a sus víctimas, pero no hay balas, no hay huellas y, aunque al principio pareciera que sí, NO TIENE UN MODUS OPERANDI.

¿Cómo van a resolver el caso más difícil de sus vidas?

Gabriel “Gabo” Rivas

Edad: 45 años. es el subcomisario de la División Homicidios, un líder nato cuya experiencia y determinación lo convierten en la mente estratégica del equipo.

Carlos “Carlín” Vera

Edad: 28 años.

oficial especializado en análisis criminal, con habilidades únicas que complementan perfectamente la visión táctica de Gabo.

Muy pronto a través de Amazon y Google Books

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